Si queremos un mundo mejor tenemos que comenzar por transmitir amor a las futuras generaciones, padres y maestros necesitamos construir con amor.
Pareciera que es más importante mantener una actitud mecanizada, en lugar de amorosa.
En la escuela el maestro llega a ser un modelo a seguir, e incluso a imitar, que honor y que responsabilidad existe detrás.
Un padre de familia es un super héroe, que a pesar de sus defectos es el mejor papá o mamá del mundo.
Para educar con amor tenemos que trabajar el interior, creando un corazón abierto, un corazón que se levanta, y que lucha por el amor para minimizar la violencia del silencio, la violencia del abandono, la violencia de las palabras que lastiman el alma, la violencia de la indiferencia, la violencia detrás de la competencia, la violencia que existe detrás de los golpes.
Aquellos que cuentan con el honor de influir en las nuevas generaciones deben trabajar su interior, para romper con las cadenas de la violencia, para evitar crear réplicas.
La envidia, los celos, el rencor, la falta de comprensión, la incapacidad para escuchar a los demás, la falta de autoestima,la dificultad para resolver problemas son síntomas, indicadores que nos dicen cuando hay algo en nuestro interior que necesitamos cambiar.
Trabajemos esos síntomas internos para dejar de arrastrarlos con nuestras familias con nuestros alumnos, si no rompemos las cadenas, las futuras generaciones las seguirán arrastrando.

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